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viernes, 5 febrero 2016
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SUMATRA, EL PARAÍSO ESCONDIDO DE INDONESIA

Cuando llegué a Sumatra, poco y nada sabía de esta isla que pertenece a Indonesia. Y es que está lejos de ser un destino turístico famoso o popular como Bali, a pesar que geográficamente es la isla más grande del país.

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Lo único que conocía de Sumatra eran dos cosas: que era famosa por ser uno de los dos lugares en el mundo donde se pueden ver orangutanes y que ahí fue el epicentro del terremoto que azotó gran parte del Sudeste Asiático en 2004.

Fue la primera razón la que me llevó a visitar este alejado lugar,  con una amiga que llevaba dos meses viviendo en Bali, y que soñaba con conocer a este particular animal. Motivada con esto y por conectarme con la naturaleza, partí rumbo a Bukit Lawang, donde habíamos averiguado que existían tours en donde te llevaban a la selva a ver a estos primates. Debo admitir que no fue fácil, pero la experiencia de ver a un orangután de cerca y poder interactuar con ellos, en su hábitat natural, ha sido, sin duda, una de las mejores de mi vida.

Los orangutanes son nativos de Malasia e Indonesia –solo en Borneo y Sumatra se pueden encontrar– y pertenecen al grupo de animales, que hoy se encuentran en peligro de extinción. La palabra es malaya y significa persona del bosque.Estos primates anaranjados de pelo largo son muy inteligentes y están estrechamente emparentados con los humanos.

Llegar a ellos no fue tarea fácil. Primero partimos desde Bali a Medán, capital de la isla de Sumatra, una ciudad poco amigable y caótica donde encontrar algún tipo de información turística fue casi imposible. Nadie hablaba inglés y el cambio cultural desde donde veníamos fue gigantesco. Atrás quedaron los miles de turistas europeos, australianos o gringos que llegaban en masas a Bali, la llamada “joya asiática”.

Como decía, Sumatra no es un lugar turístico y se nota. Si es que se podría decir que Bali es “organizado”, Medán es su polo opuesto: una ciudad  en la que parecía no haber avanzado el tiempo y mucho más humilde. Llegar a la estación de buses que nos llevaría al pueblito de ukit Lawang fue una odisea. Un tuk tuk que tomamos en la mitad del centro de la ciudad, manejado por un local que no hablaba ni una gota de inglés, nos llevó hasta el bus que nos trasladaría en un viaje de cuatro horas a este mágico lugar en la mitad de la selva.

Ya alejadas de la civilización y adentradas completamente en la jungla, nos encontramos con este maravilloso lugar. Nuestro hostal estaba justo al lado del río y se podía sentir la paz y tranquilidad de estar en un lugar tan escondido, donde realmente solo llegan los turistas más aventureros del mundo, en búsqueda de orangutanes.

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Meterse a la selva es cosa seria: se requiere de coraje, buen estado físico y preparación mental. Son mínimo dos días subiendo y bajando montañas, guiados por un local de la zona, que con un perfecto inglés, te va enseñando y mostrando todas las “atracciones” y maravillas.

No siempre te aseguran ver uno. Todo depende del día y del ánimo de estos animales. Si quieren o no aparecer. Nuestro grupo, compuesto por puros turistas jóvenes, principalmente europeos, tuvimos la suerte de ver a cinco: un macho, y dos hembras junto a sus crías.

Los guías que trabajan ahí, en especial Janson, quien fue el nuestro, son de las personas más interesantes y geniales que he conocido. Su sencillez y su forma tan simple de ver la vida hace que sea imposible no reflexionar sobre nuestra estructura occidental y en cómo enfrentamos nuestra realidad. Lo que a nosotros nos complicaría –o lo que en nuestra sociedad sería considerado como pobreza– para ellos es la riqueza máxima. Alegres, honestos y buenas personas, su felicidad está en saber que sus animales y su tierra estarán a salvo.

La emoción de ver a los orangutanes de cerca, poder tocarlos y conocer su mundo fue una de las cosas más lindas de mi viaje a Indonesia, pero debo admitir que lo más increíble de la aventura, fue toda la experiencia que uno vive. El dormir en la mitad de la jungla con gente que acabas de conocer, además de la conexión que se arma entre todos en el camino, no lo olvidaré jamás. Definitivamente lo recomiendo a ojos cerrados.

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